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RESEÑA HISTÓRICA DE LA aldea paraparalEditar

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En las últimas décadas del siglo pasado el Estado Venezolano fue reduciendo progresivamente sus responsabilidades en materia educativa y específicamente en lo que se refiere al nivel de educación superior. De hecho, la inversión realizada en educación superior en Venezuela desde 1989 hasta 1998, evidenció una tendencia descendente, afectada por la propensión a realizar recortes presupuestarios en todos los sectores del ámbito social y, en especial, como una estrategia para construir la viabilidad del proyecto de privatización de la educación superior.

Esto trajo como consecuencia una amplia deuda social acumulada, pues la matrícula universitaria sufrió un estancamiento, favoreciendo la exclusión de los estudiantes provenientes de los sectores más pobres y beneficiando el ingreso a la educación superior a los sectores con mayores ingresos, a la población de las grandes ciudades y a los estudiantes provenientes de planteles privados, la composición social de los bachilleres que ingresaban a las universidades públicas se conformaban, cada vez más y en mayor medida, por ciudadanos provenientes de los sectores socioeconómicos medios y altos de la población, mientras que pocos de los bachilleres pertenecientes a los sectores menos favorecidos de la población logran integrarse al sistema de educación superior, los cupos universitarios estaban reservados para una minoría, para una elite que además está en contra de permitir el acceso del pueblo al conocimiento, de que los pobres atraviesen los umbrales de las universidades como estudiantes y como egresados, arguyendo que “la universidad no es para todos, porque no todo el mundo es apto para entrar a la universidad.

Tendencia que contraviene el sentido de promoción social que ha de tener la educación y que facilita el incremento de las brechas de inequidad que existen en nuestro tejido social.

A la par de este fenómeno, la educación superior de gestión oficial disminuyó sensiblemente su participación en favor de la educación de gestión privada. Aunque existía el marco legal que comprometía al Estado a proveer al pueblo soberano de enseñanza, siempre fue más conveniente silenciar, enterrar conciencias y reprimir cualquier pensamiento revolucionario.

El maestro Simón Rodríguez (Samuel Robinsón) decía sobre la educación: “está vinculada a la formación de virtudes sociales; amor a la patria, que es el bien común, y amor al trabajo productivo, entendido como actividad liberadora”.

En el pasado, el país no era un bien común; era propiedad de unos pocos, de los amos del valle que entendieron que la única manera de abusar de un pueblo era dejándolo ciego, excluyéndolo, anulando sus derechos y cerrando posibilidades para que adquieran herramientas para reclamar.

Sin embargo, las herramientas existían. La Constitución de 1961 declaraba en su artículo 55 que el Estado debía proveer los medios para que todos pudieran cumplir el deber de estudiar. En el artículo 78 asumía la responsabilidad de crear y mantener “escuelas, instituciones y servicios suficientemente dotados para asegurar el acceso a la educación y a la cultura, sin más limitaciones que las derivadas de la vocación y de las aptitudes”.

Según estas elites, muchas personas en Venezuela tenían vocación de pobres, y la gran mayoría era inepta para continuar sus estudios. Además los cargaron de culpa, señalándolos por no haber continuado sus estudios, por haber “desertado”; pero no reconocían que nadie aprende en circunstancias de pobreza, de hambre o de violencia; que la mayoría no deserta, ni abandona voluntariamente el saber.

La educación es un derecho humano y un deber social, obligatorio y gratuito, que a la vez constituye la raíz esencial de la democracia. Está orientada al desarrollo pleno de la personalidad para una existencia digna, que transcurra con una valoración ética del trabajo y con una conciencia de participación ciudadana en la toma de decisiones.

Pero para llevar este concepto a la realidad fue necesaria la presencia de un gobierno humanista, que no estuviera encabezado por empresarios o mercachifles de patrias; al contrario, que fuera consciente de las diferencias abismales entre las personas que comparten la nacionalidad venezolana y estuviera dispuesto a trabajar en ello.

Desde 1999 el Gobierno bolivariano de Venezuela embazado por el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías se ha convertido en garante de un Estado de derecho, de justicia, de equidad y de acceso real a los derechos de los más desfavorecidos (un proceso donde la demagogia queda en el pasado); por su continuidad, coherencia y objetivos finales.

En toda la historia de la democracia venezolana, los dirigentes arrojaban migajas al cerro para ganar el favor popular, para mantenerse en el poder. En el presente, es otro el interés del Gobierno bolivariano; se trata de refundar la República, de legar un país de iguales a los que vienen, de construir un nuevo modelo de sociedad, con ciudadanos y ciudadanas para la misma; y el único instrumento posible para llegar a tal fin es la educación concientizadora.

El sistema educativo venezolano transita un nuevo camino, necesario para la construcción de una nueva sociedad, de la República que nació en 1999, con una Constitución que revirtió las tendencias neoliberales y elitistas que reinaban en Venezuela; pero sobre todo, la nueva Carta Magna busca dejar en el pasado una enorme deuda social. La más grande deuda que contrajo el país petrolero no fue con el Fondo Monetario Internacional, ni con el Banco Mundial, ni con otros gobiernos del mundo; fue con su propio pueblo, sumiéndolo en la ignorancia como una víctima de la negligencia y del egoísmo del saber.

El Gobierno bolivariano está ofreciendo a los venezolanos y venezolanas las herramientas necesarias para que nunca más sean víctimas de un Estado que violente sus derechos, sus principios, sus esperanzas, su resistencia.

La educación es un derecho humano y un deber social, obligatorio y gratuito, que a la vez constituye la raíz esencial de la democracia.

Misión SucreEditar

El Plan Extraordinario Mariscal Antonio José de Sucre, denominado "Misión Sucre" nació como iniciativa del Gobierno Bolivariano, para garantizar el acceso a la educación universitaria a todos estos bachilleres sin cupo y de esta manera transformar su condición de excluidos del sistema de educación superior.

Comenzó formalmente con la realización de un censo nacional, el 21 de septiembre de 2003, que permitió conocer cuáles eran los bachilleres aspirantes, donde se ubican, sus preferencias en cuanto a carreras, el horario que disponen para dedicarse a sus estudios e información relacionada con su situación socioeconómica. De esta manera planificamos los esfuerzos concentrados a efectuar.

A estos estudiantes, sin embargo, se les presentó una limitante: no contaban con espacios suficientemente dotados para la consolidación de la Misión en sus localidades.

Muchos comenzaron utilizando las instalaciones de las escuelas y liceos, otros prestaban los espacios de sus propias casas y así iban avanzando. Con el incremento de la matricula surgió la necesidad de crear su propia sede.

Como parte de sus directrices fundamentales, la Misión Sucre aplica la municipalización de la educación superior, que se orienta hacia lo regional, hacia lo local; tomando como punto de referencia la cultura propia de las poblaciones con sus necesidades, problemáticas, acervos, exigencias y potencialidades. Se trata de propiciar estudios superiores con pertinencia social, con sentido común y propósito, inmersos en geografías concretas pero con visión global; comprometidos con el impulso y la promoción del desarrollo endógeno y sustentable de cada una de las regiones, de manera que los espacios educativos se expandan a todos los ámbitos de la vida social y no se restrinjan a las aulas.

Es así como surgen las Aldeas Universitarias, espacios alternativos, apropiadamente dotados para el mejor desarrollo de aptitudes, vocación y aspiraciones de los estudiantes de la Misión Sucre.

Esta misión nació con el objetivo de satisfacer las aspiraciones y necesidades de estudio de amplios sectores sociales que históricamente estuvieron excluidos de la educación universitaria.

Este plan educativo de carácter municipalizado se desarrolla en la actualidad con 24 Programas de Formación, que acreditan 14 instituciones universitarias, entre ellas, la Universidad Bolivariana de Venezuela (UVB), el Instituto Universitario de Tecnología Federico Rivero Palacio, el Colegio Universitario de Caracas y la Universidad Marítima del Caribe.

También el Colegio Universitario de Los Teques Cecilio Acosta, la Universidad Iberoamericana del Deporte y la Universidad Experimental Rómulo Gallegos, forman parte de la lista de instituciones que acreditan a los estudiantes que se gradúan bajo este programa de formación gubernamental.

Luego de siete años de haber sido creada, la Misión Sucre cuenta con resultados altamente satisfactorios, sin precedentes en la educación universitaria venezolana y mundial, de acuerdo los datos suministrados por el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria.

Entre los principales logros, se destacan 571 mil 917 triunfadores en formación, 114 mil 418 becados, un voluntariado de 42 mil 639 personas, entre los que destacan coordinadores, profesores y personal operativo.

Otros indicadores que demuestran la fortaleza de la Misión Sucre desde su fundación son los 30.680 graduados en los periodos 2008-I y 2008-II, en los programas de Formación de Gestión Social para el Desarrollo Local, Gestión Ambiental, Comunicación Social, Administración, Informática, Educación y Producción Agroalimentaria.

A ello se suman un total de mil 515 Aldeas Universitarias o espacios educativos para la formación de los venezolanos que durante décadas fueron excluidos de la educación universitaria.

Triunfadores es el nombre con que se identifica a los estudiantes de la Misión Sucre, plan estratégico de educación universitaria que el gobierno nacional creó el 3 de noviembre de 2003, en honor al insigne militar venezolano y prócer de la independencia latinoamericana, Mariscal Antonio José de Sucre.


“Gracias a la Revolución y la Misión Sucre”

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